Ordinary Time

Dear Friends and Parishioners,

Pope Benedict XVI issued his second encyclical,  Spe Salvi (Saved in Hope), in 2007. His encyclical on the theological virtue of hope shouldn’t be forgotten. The Vatican drafters were at work on the social encyclical that would become Caritas in Veritate (Charity in Truth) in 2009. Benedict was devoting his spare time, such as a pope has, to his three-volume life of Christ, the first of which appeared in May 2007. But when the pope returned from his summer sojourn at Castel Gandolfo in the autumn of 2007, he surprised everyone with a complete, polished magisterial meditation on hope. It was confirmed by the second volume of Jesus of Nazareth published in 2011, that it was apparent that Joseph Ratzinger was a very learned man.

Spe Salvi is uniquely the work of a brilliant mind steeped in the Christian tradition, with a pastoral heart who knows the aspirations and anxieties of his flock, animated by the piety of the faithful. While Benedict ranges from ancient to modern philosophy on the nature of hope, it is the Sudanese slave turned Canossian sister, St. Josephine Bakhita, that he proposes as a model of hope. Benedict writes “Now she had ‘hope’ – no longer simply the modest hope of finding masters who would be less cruel, but the great hope: ‘I am definitively loved and whatever happens to me – I am awaited by this Love. And so my life is good.’ Through the knowledge of this hope she was ‘redeemed,’ no longer a slave, but a free child of God.”

Spe Salvi is lyrical in its treatment about how only love can free us from the prison of history as just one thing after another. “To imagine ourselves outside time that imprisons us, and in some way to sense that eternity is not an unending succession of days in the calendar, but something more like the supreme moment of satisfaction, in which totality embraces us and we embrace totality,” he writes. “It would be like plunging into the ocean of infinite love, a moment in which time no longer exists.” Yet the creativity of Spe Salvi is not in its treatment of love but justice. Our hope for something more, something beyond this world and across the threshold of death, is not only a desire for a love beyond limits, but also a desire for the triumph of justice, which plainly does not prevail in this world.

Benedict says that the strongest argument for eternal life is not that we might love forever, but  that in eternity justice might be wrought for those who were denied it here. “God is justice and creates justice.” This is our consolation and our hope. And in God’s justice there is also grace. This we know by turning our gaze to the crucified and risen Christ. Both these things – justice and grace – must be seen in their correct inner relationship. Grace does not cancel out justice. It does not make wrong into right. It is not a sponge which wipes everything away, so that whatever someone has done on earth ends up being of equal value. What do we hope for? For life, for love, for mercy. But first we hope for justice. In the justice of the cross we find “the hope in which we are saved (spe salvi).”

Yours in Christ Our Hope,

Father Paul Magnano

Pastor

Tiempo Ordinario

Queridos amigos y parroquianos,

El Papa Benedicto XVI publicó su segunda encíclica, Spe Salvi (Salvados en la Esperanza), en 2007. Su encíclica sobre la virtud teológica de la esperanza no debe de ser olvidada. Los redactores del Vaticano trabajaban en la encíclica social que sería Caritas en Veritate (La Caridad de la Verdad) en 2009. El Papa Benedicto dedicaba su tiempo libre, si es que un papa tiene tiempo libre, a su colección de tres volúmenes sobre la vida de Cristo, cuyo primer volumen apareció en mayo de 2007. Pero cuando el Papa regresó de su verano en el Castillo de Gandolfo en el otoño de 2007, les sorprendió a todos con una meditación completa y magisterial sobre la esperanza. Se confirmó con el segundo volumen de Jesús de Nazareth, que se publicó en 2011, que Joseph Ratzinger era obviamente un hombre muy educado.

Spe Salvi es el trabajo de una mente brillante arraizada en la tradición cristiana, con un corazón pastoral que sabe de las aspiraciones y ansiedades de su comunidad, animado por la piedad de los creyentes. Mientras que Benedicto se mueve entre la filosofía moderna y la antigua en cuanto a la naturaleza de la esperanza, es el esclavo sudanés que se convirtió en hermana Canosiana, Santa Josefina Bakhita, a quien él pone como modelo de la esperanza.  Benedicto escribe “ahora ella tenía ‘esperanza’ – no solo el tipo de esperanza modesta de encontrar unos dueños que fueran menos crueles, sino la gran esperanza: ‘Definitivamente soy amada, y lo que sea que me pase – estoy esperada por este Amor. Y por eso, mi vida es buena’. A través del conocimiento de esta esperanza, ella se vio redimida, ya no una esclava, sino una hija de Dios libre”.

Spe Salvi es lírica en su forma de describir como el amor nos puede liberar de la prisión de ver la historia como sólo una cosa después de otra. “El imaginarnos a nosotros mismos fuera del tiempo que nos aprisiona, y en cierta forma sentir que la eternidad no es una sucesión sin fin de días del calendario, sino algo más como un momento supremo de satisfacción, en que la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad. Sería como lanzarnos al océano de amor infinito, un momento en que el tiempo ya no existe”. Sin embargo, la creatividad de Spe Salvi no consiste en su tratamiento del amor, sino en el de la justicia. Nuestra esperanza por algo más, algo más allá de nuestro mundo y a través del umbral de la muerte, no es sólo un deseo por un amor más allá de los límites, sino también un deseo por el triunfo de la justicia, que simplemente no existe en este mundo.

El Papa Benedicto XVI dice que el argumento más fuerte en pro de la vida eterna no es que podamos amar para siempre, sino que los que no recibieron la justicia aquí en esta vida la van a encontrar allá en la eternidad. “Dios es justicia y crea justicia”. Esta es nuestra consolación y esperanza. Y en la justicia de Dios también hay gracia. Esto lo sabemos al ver al Cristo crucificado y resucitado. Ambas – la justicia y la gracia – deben de verse de forma correcta. La gracia no cancela la justicia, no hace que lo malo sea lo bueno. No es una esponja que absorbe todo, para que lo que haga una persona en la tierra tenga el mismo valor que lo de los demás. ¿Qué esperamos? La vida, el amor, la misericordia. Pero primero esperamos la justicia, ya que en la justicia de la cruz encontramos “la esperanza con la que fuimos salvados” (spe salvi).

Suyo en Cristo Nuestra Esperanza

Padre Paul Magnano

Pastor


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