Easter

Dear Friends and Parishioners,

Symbols seem to work in an odd way. There is little obvious reason why roses should represent love or lilies purity, and eggs for Easter have long baffled folklorists. Does the empty shell represent the empty tomb? Does the shape re-call the stone rolled away from the grave? Or do the eggs symbolize new life, bursting out of the apparently dead shell? Are they a Christian appropriation of some more ancient pagan ritual? Are they simply what is available after the long Lenten fast? We do not know. And if eggs are a curious symbol for Easter, they are not at first sight anything as peculiar as their contemporary equivalent: chocolate. Note though that I say “at first sight” because on closer inspection the total appropriateness of chocolate for celebrating Easter joy makes it almost a proof of God’s providential love.

Like the church, like Easter, chocolate is ancient and international. It originates in Central America, where the cacao bean has been cultivated for at least 4,000 years, but since the beginning of this millennia about two thirds of the chocolate we consume is now grown in West Africa. This means that chocolate comes from the growth mission fields of two different periods in our Christian history. Chocolate is the “fruit of the earth and work of human hands.” Converting the natural cacao fruit into edible chocolate is a complicated, laborious process involving fermentation, drying, cleaning, roasting, shelling, grinding and heating, just to produce unadulterated chocolate in a rough form, which can then be refined and flavored. It speaks therefore to the great labor of the Passion and to the God-given dignity of human work.

Chocolate, like the Resurrection, like the whole paschal mystery, is mood-enhancing. Chocolate being shaped into eggs combines the contemporary with the traditional leading to unity in the church and giving joy to the angels. Chocolate offers us a specific and actionable way of working for justice. There is serious concern that labor conditions in the Ivory Coast chocolate production industry are exploitative, using both child and slave labor. If we all make the minor effort to purchase only fair-trade chocolate we could make a significant difference. Chocolate can take a great many different forms and flavors – like God’s living grace poured out into our hearts, it can be “different” for each person, while still unified in the one body. This individual adaption to need and desire shows our risen Savior’s generosity and sensitivity.

Chocolate does not break any religious fast. This was declared in 1662 by Pope Alexander VII. Admittedly he was only concerned with chocolate beverages. I am not sure quite where this leaves those Catholics who “give up” chocolate for Lent in the hope and belief that this fulfills our duty to fast. Chocolate is delicious. This in itself would be enough to make it an appropriate symbol of Easter, but it is delicious in an extraordinarily paschal way. It is only through the long and laborious process of production that it becomes sweet to us. The bean must be gathered (arrested), dried (“I thirst”), shelled and ground (scourged and crucified), fermented (placed in the grave) and so transformed into sweetness and joy. Chocolate is a surprising and lovely symbol for Eastertide. “Oh taste and see that the Lord is good.”

Yours in Christ Our Hope,

Father Paul Magnano

Pascua

Queridos amigos y parroquianos,

Parece que los símbolos funcionan de una forma extraña. No es muy obvio por qué las rosas representan el amor o los lirios la pureza, y los huevos de pascua aun les desconciertan a los folkloristas. ¿Acaso el cascarón vacío representa la tumba vacía? ¿La forma nos recuerda a la piedra que se puso como puerta? ¿O representan los huevos una nueva vida, que sale de lo que se ve como un cascarón muerto? ¿Serán solo la apropiación cristiana de algún rito pagano? ¿Son lo unico que queda para comer despues del largo ayuno de la cuaresma?  La realidad es que no sabemos, y si los huevos de pascua son un símbolo curioso de la pascua, a primera vista no se parecen nada a su equivalente contemporáneo: chocolate. Y digo “a primera vista” porque si hacemos una inspección más a fondo podemos ver que la apropiación del chocolate para celebrar la alegria de la pascua es casi una prueba del amor providencial de Dios.

Como la iglesia, como la pascua, el chocolate es muy antiguo e internacional. Se originó en América Central, donde hace al menos cuatro mil años que el cacao se cultiva, pero desde el comienzo de este milenio dos terceras partes del chocolate que consumimos viene del este de África. Esto significa que el chocolate crece en diferentes campos en dos periodos distintos de la historia del cristianismo. El chocolate es “la fruta de la tierra y del trabajo de las manos del hombre”. Convertir la fruta natural del cacao en chocolate comestible es un proceso laborioso y complicado que incluye fermentarla, secarla, limpiarla, tostarla, molerla y calentarla, sólo para crear un chocolate en su forma más básica, que será después refinado. Esto habla mucho del gran trabajo de la pasión y de la dignidad del trabajo humano.

El chocolate, como la resurrección, como todo el misterio pascual, mejora nuestro humor.  Poner el chocolate en la forma del huevo une lo contemporáneo con lo tradicional, y nos lleva hacia la unidad de la iglesia y da alegría a los ángeles. El chocolate nos ofrece una oportunidad para trabajar por la justicia. Hay una preocupación real en cuanto a las condiciones laborales en la producción de chocolate, en la cual se sabe que se explotan esclavos y ninos como mano de obra. Si todos hiciéramos el esfuerzo de comprar chocolates donde se sepa que hay condiciones de trabajo dignas, se podría hacer una diferencia significativa. El chocolate se puede encontrar en muchas formas y muchos sabores, asi como que la gracia de Dios llega a nosotros y puede ser de forma “diferente” para cada uno, aún si llega de la misma forma. Esta adaptación individual nos demuestra la generosidad y sensibilidad del salvador.

El chocolate no rompe ningún tipo de ayuno. Esto se declaró en 1662 por el Papa Alejandro VII, aunque él se preocupaba sólo por las bebidas de chocolate. No estoy seguro qué implica esto para los católicos que deciden a no comer chocolate por la cuaresma porque creen que esto satisface nuestro deber de ayunar.  El chocolate es delicioso, y sólo por esto ya podría ser un símbolo apropiado de la pascua, pero ademas es delicioso de una forma bien conforme a la pascua, ya que es sólo por un proceso largo y dificil que el chocolate se pone dulce. La semilla debe ser recogida (capturada), secada (“tengo sed”), descascarada y molida (crucificada), fermentada (enterrada), y solo asi se transforma en algo dulce. El chocolate es un símbolo precioso de la pascua. “Pruébenlo y verán que el Señor es bueno”.

Suyo en Cristo Nuestra Esperanza,
Padre Paul Magnano


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