Queridos hermanas y hermanos en Cristo,

El primer domingo del Adviento que celebramos hoy marca el comienzo del año litúrgico de la Iglesia. Así pues, permítanme expresarles mis deseos por su Año Nuevo, que sea bendito y feliz.  El tiempo del Adviento nos invita no sólo a esperar y anticipar con paciencia la venida del Señor, sino también prepararnos activamente para su advenimiento, por obras de compasión hacia los demás, sobre todo a los pobres.  Este mensaje es el corazón de la misión de Catholic Community Services (CCS), que celebra el centenario de su servicio en el oeste del estado de Washington.  Hoy tenemos el honor de dar la bienvenida a Eileen McComb, quien habla en nuestras Misas de hoy sobre las obras de CCS.  Ella nos invita a participar en nuestro ministerio importantísimo de acercamiento.  Consideren, por favor, hacer un regalo en apoyo de los programas de importancia vital ofrecidos por CCS, “175 Programas – Una Sola Misión:  Una Misión de Misericordia”

Aunque la liturgia del Adviento proclama que “se acerca la salvación”, una evaluación honesta de nuestros mundo y país nos indica que aun nos queda mucho que hacer antes de la llegada definitiva del Reino de Dios.  El Adviento nos estimula a cambiarnos de postura, ofreciéndonos la paciencia, la esperanza, y la perseverancia que necesitamos para seguir fielmente en el camino de nuestras vidas.  La obra salvífica de Jesucristo nos obliga a adoptar el punto de vista resumido por las palabras bien queridas del Cardenal Dearden que él dedicó a la vida del recién canonizado San Oscar Romero, “Profetas de un Porvenir que no es Nuestro”:

Nos ayuda, de vez en cuando, levantarnos la cabeza, y mirar a lo lejos.

El Reino queda más allá de nuestros esfuerzos, e incluso más allá de nuestra visión.

En nuestras vidas terminamos sólo una parte pequeñita

del proyecto magnífico que es la obra de Dios.

No hay nada de lo que hacemos que sea completo, lo que significa

que el reino queda siempre más allá de nuestro alcance.

No hay comentario que diga todo lo que podríamos decir.

No hay oración que expresa plenamente nuestra fe.

Ninguna confesión trae la perfección.  Ninguna visita pastoral integra por entero.

Ni hay programa de la iglesia que cumpla toda la misión,

Ni hay metas ni planes que lo incluyan todo.

Y por eso, nuestra tarea:

Plantamos las semillas que algún día crecerán.

Regamos semillas que alguien ya plantó, y sabemos que contienen promesas futuras.

Fundamos lo que después ha de ser elaborado.

Proporcionamos levadura que produce más de lo que podemos.

No podemos hacerlo todo, y nos sentimos liberados al entenderlo.  Esto nos anima a hacer algo,

y a hacerlo muy bien.  Puede que no se complete,

pero por lo menos es un principio, un paso en el camino,

una oportunidad para que la gracia del Señor entre y lo termine.

Puede que jamás veremos los resultados finales; así es la diferencia entre el obrero y el maestro de obras.

Somos obreros, no maestros de obras;  ministros y no el Mesías.

Somos profetas de un porvenir que no es nuestro.

 

Un bendito Adviento a todos,

Padre William Heric

Dear Sisters and Brothers in Christ,

The first Sunday of Advent we celebrate today marks the beginning of the church’s liturgical year, so, let me wish you all a blessed and “Happy New Year!” The advent season invites us not only to patiently wait and watch for the coming of the Lord, but also to actively prepare and make ready his coming, through compassionate care and concern for others, especially the poor. This message is at  the heart of the mission of Catholic Community Services (ccs) which is celebrating its 100th anniversary of service in Western Washington. Today we are honored to welcome Eileen McComb who is speaking at our Masses about the work of CCS. She invites us all to participate in the vital outreach ministry of our church. Please consider a gift to support the many vital programs sponsored by CCS, “175 Programs — One Mission: A mission of Mercy.”

While the Advent liturgy proclaims that “Salvation is drawing near,” an honest assessment of our world and nation at this point tells us that there is a long way to go before the coming of God’s kingdom has truly arrived. Advent gives us an important attitude adjustment by offering the patience, hope, and perseverance we need to prayerfully continue the journey of our lives. Christ’s work of salvation then requires us to take the perspective summarized by these much-loved words by Cardinal Dearden attributed to the life of the recently canonized St. Oscar Romero, “Prophets of a Future Not Our Own”:

It helps, now and then, to step back and take a long view. 

The kingdom is not only beyond our efforts,
it is even beyond our vision.

We accomplish in our lifetime only a tiny fraction
of the magnificent enterprise that is God's work.
Nothing we do is complete, which is a way of saying
that the kingdom always lies beyond us.
No statement says all that could be said.
No prayer fully expresses our faith.
No confession brings perfection.
No pastoral visit brings wholeness.
No program accomplishes the church's mission.
No set of goals and objectives includes everything.

This is what we are about.
We plant the seeds that one day will grow.
We water seeds already planted,
knowing that they hold future promise.

We lay foundations that will need further development.
We provide yeast that produces far beyond our capabilities.
We cannot do everything, and there is a sense of liberation
in realizing that. This enables us to do something,
and to do it very well. It may be incomplete,
but it is a beginning, a step along the way,

an opportunity for the Lord's grace to enter and do the rest.

We may never see the end results, but that is the difference
between the master builder and the worker.

We are workers, not master builders; ministers, not messiahs.
We are prophets of a future not our own.

 

A blessed Advent to all,    

Fr. William Heric


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